Bueno esta afirmación es otra gran mentira que los chicos nos seguimos creyendo. Y con esto no estoy diciendo que el porno sea algo malo o algo que no nos aporte placer. Lo que quiero decir es que muchas veces, los consumidores de pornografía, nos creemos que somos sexualmente más libres porque estamos viendo algo que se supone algo tabú. Aun así, el porno nos ayuda como herramienta a la hora de explorar nuestra sexualidad. Y sigue siendo muy válido para que podamos experimentar, crear y desarrollar nuevas formas de placer. Alimentando así nuestra manera de disfrutar de los deseos. Pero, ¿y que pasa con los modelos que la pornografía transmite? Empecemos desde el principio...


La pornografía, desde sus inicios (hace mucho) ha sido un recurso básico para el desarrollo de la sexualidad humana. Un recurso visual, para poder imaginar una sexualidad alternativa, fuera de todas las prohibiciones. Una dimensión donde la erótica de las fantasías alimenta las prácticas sexuales.


Pero no olvidemos que hasta hace muy poco, las mujeres (más de la mitad de la población), no han tenido una sexualidad reconocida. Ya que se pensaba que el único papel sexual de la mujer en este mundo era la reproducción. El resto de tesoros sexuales solo se reservaban para los hombres.


Teniendo esto como premisa, no es difícil pensar que la sexualidad hasta ahora ha tenido cara (y cuerpo) de hombre; de ahí que todavía vivamos en una sociedad androcéntrica.


Una sociedad donde todavía se entiende que el hombre tiene que ser activo sexualmente y la mujer pasiva; con todo lo que ello conlleva.




Ya que, los hombres tenemos todo el peso y la presión de...

  • Saber siempre lo que queremos sexualmente (y lo que quiere el resto).

  • Demostrar nuestra virilidad a través de la potencia sexual.

  • Conocer todo tipo de prácticas sexuales.

  • Ser siempre los que tienen la iniciativa sexual.


Y las mujeres viven la sexualidad como si...

  • Ellas no serían las dueñas de sus cuerpos (ni de sus deseos).

  • No serían capaces de recibir placer (independientemente de su capacidad reproductiva).

  • Fuese una moneda de cambio para conseguir una relación duradera y estable.

  • Ellas mismas fuesen otro medio para el placer sexual masculino.


¿Y todo esto tiene remedio? Pues la respuesta es clara: “¡por supuesto!”.

Si en general el remedio pasa por ser críticos con lo que vemos y reproducimos; con el porno pasaría lo mismo, tendríamos que ser más críticos con lo que más nos oprime y poder cambiarlo poco a poco.

¿Y que quiero decir cuando digo que el porno nos oprime a todxs?

Pues solo basta con analizar qué papel tienen los hombres y las mujeres en el porno y como lo trasladamos a nuestras propias experiencias.

Ya que hoy en día, en las películas pornográficas (aunque haya mucha oferta y todo tipo de prácticas) el placer del hombre sigue siendo central; y no a cualquier precio.

Por ejemplo, en demasiadas ocasiones, vemos en las pelis porno como el chico es el que adopta una actitud activa y dominante y la chica el de sumisa y dominada. Y esto no es precisamente partir de ninguna igualdad real; ya que nos resultaría extraño ver los roles cambiados.

Y qué decir de los cuerpos tan perfectos que aparecen en estas películas; cuerpos depilados y de gimnasio; con una buena carga de tetas y penes grandes. O de las prácticas sexuales que vemos en estas películas, que casi siempre giran alrededor del orgasmo masculino. Como si no hubiese diversidad de cuerpos o de prácticas…

¿Acaso no existen películas que se salgan de estos moldes?


Haberlas haylas, pero no son de consumo generalizado y además no son películas que nos atraigan mucho a los chicos. ¿Pero por qué? Pues simplemente porque nos han enseñado a ser los sujetos y no los objetos del juego. Nos han enseñado a tragarnos toda esa mentira de que el porno nos hará libres.

Pero no nos engañemos; el porno además de ayudarnos a aprender practicas o fantasías nuevas, también nos presiona y nos dice como deberíamos de ser para ser sexualmente invencibles.

Debido a los tamaños “poco comunes” de genitales masculinos en el porno, muchas veces hemos comparado nuestro pene con el tamaño de pene de algún compañero. Debido a que en el porno prima la penetración, los chicos no aprendemos que las mujeres pueden recibir mucho más placer mediante el clítoris y no mediante la cavidad vaginal.


Debido a que el porno es heterocentrista, nos hemos creído que solo una mujer nos puede proporcionar placer. Debido a que el porno nos dice que los hombres duran mucho, muchos chicos sienten presión y sufren de “eyaculación precoz”. Y así una larga lista de razones por las que los chicos NO siempre gozamos o sacamos algo bueno del porno.


Aun así, no nos desesperemos; existen otros tipos de pornografía. Entre ellos, empieza a tomar fuerza la pornografía desde un enfoque feminista. Una pornografía que no es fácil de encontrar (ni de consumir), ya que rompe con los estereotipos y enfoca la sexualidad de una manera más sana e igualitaria. Pero una pornografía que realmente SI nos hará más libres. Ya que, sin dejarse llevar por los mandatos de género, plantea el placer como algo universal. No cosifica ni al hombre ni a la mujer e intenta darle la vuelta a todos los factores que hacen que el porno “convencional” sea a veces tan frustrante y excluyente. Así que, os recomiendo que si consumís porno, este sea ético y a poder ser feminista.


¿Quieres ser realmente libre?


Ibai Fresnedo