hilerokoa


Muchas veces hemos traido a esta web la siguiente frase: "lo que no se nombra no existe". Pues eso pasa muchas veces con la regla, periodo, menstruación... Todavía hoy mi ama me pregunta si estoy enferma cuando quiere decir si tengo la regla. ¡No es broma! "Pues no, no estoy enferma, simplemente tengo la regla". Y luego también se han utilizado eufemismos para no llamar a las cosas por su nombre... El que más me mola es la "prima de Moscú". ¿Conocéis algún otro? ¡Fijo que si! ¿Por qué esconder la palabra, la existencia de la regla? ¿Por qué llenar de misterio y asco algo por lo que pasamos todos los meses (o no todos, que esto también depende de cada una)?


Volvemos a traeros la entrevista que le hicimos a Erika Irusta hace un par de años.


¿PORQUÉ TANTA NEGATIVIDAD EN TORNO A LA MENSTRUACIÓN?


La regla es motivo de vergüenza y mofa para muchxs. En casa y en el insti nos lo habrán explicado con más o menos detalle pero la verdad es que no apetece nada tener que ser tan diferente (diferente con respecto al otro, a los chicos). Tener la regla provoca una serie de cambios que ni sabemos manejar ni nos explica nadie. Nuestras hormonas se “vuelven locas” nos dicen y ya. Nada más. ¡Ah! ¡Sí! Que nos podemos quedar embarazadas así que ¡cuidado! Todo son, de nuevo, definiciones de un cuerpo genérico de mujer definido… ¿adivináis quién lo define? Sí, lxs otrxs: expertxs, profes, libros de ciencias, anuncios de compresas, … Hablar de la regla nos suele dar vergüenza y es mejor que no se note ni nadie se entere porque siempre puede haber un comentario que toque mucho la moral. Todo esto, además, puede venir con fuertes dolores y con la angustia de imaginarse años y años así. Cuando nos viene la regla la carta de presentación es un desastre y aprendemos que esto es lo que nos toca por ser mujeres. Así que ser mujer es un asco. Pues sí, en esta sociedad definida por el otro, lo es. Sobre nosotras caerá la responsabilidad de cuidarnos en lo que a sexo se refiere (cuando cuidarse y ser cuidada es la base de todas las relaciones sexuales), de tener una buena higiene, de hacer que ni se note ni se vea. Nuestro cuerpo, de nuevo, como algo sucio, algo incontrolable, algo traicionero. Esto hace mucho daño. Tanto que comenzamos a ocultarnos, a no  querer que nadie nos vea así, a buscar gustar al otro para, al menos, gustarnos más (o disgustarnos menos) a nosotras mismas.

Si quieres leer la entrevista al completo, haz click  aquí.

Para leer el post completo, pásate a la versión en euskera. Haz click aquí.

 

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