Imagínate que estás en la estación de tren esperando a una amiga. Un hombre se te acerca y te propone con más o menos disimulo pagarte si te vas con él. ¿Te parece inconcebible? Pues es el pan de cada día para muchas migrantes. Las latinas tienen fama de fogosas, las africanas se perciben como exóticas, las europeas del Este se relacionan con la prostitución... Si gran parte de la gente tiene esos estereotipos en la cabeza, más aún los hombres machistas: las sexualizan y prejuzgan como prostitutas por el hecho de tener la piel oscura o un acento diferente. Un estudio de Sortzen para la Dirección de Atención a Víctimas de Violencia de Género del Gobierno vasco, en la que se organizaron grupos de discusión con mujeres de diferentes perfiles, reveló que las migrantes están especialmente expuestas al acoso y las agresiones sexistas:
«Gizon espainiarrei buruan sartu zaie emakume latinoamerikarrak prostitutak garela eta horretara etor tzen garela», adierazi dute emakume batzuek, eta baieztapen horren haritik kalean, diskoteketan eta telefono bidez gertatutako jazarpenen hainbat anekdota kontatu dituzte. 'Sexu Erasoak'. Eusko Jaurlaritzako Genero Indarkerien Biktimei Laguntzeko Zuzendaritzaren txostena

Puede ocurrir en la calle, pero no sólo. Desde Sortzen explican que incluso cuando una mujer inmigrante pone un anuncio buscando trabajo en el que se da a entender que es inmigrante, es habitual que reciba llamadas de hombres en tono sexual.

Otro ámbito preocupante es el del trabajo doméstico, realizado sobre todo por mujeres, en su mayoría inmigrantes, y más si viven en la casa en la que trabajan. A veces el empleador o la persona a la que cuidan les hace insinuaciones, las miran, las tocan, pero en otras ocasiones es incluso la familia del anciano o del hombre con discapacidad la que propone a la cuidadora el extra de acostarse con él. Estas situaciones son difíciles de denunciar: muchas, cuando se animan a hablar, se encuentran con desconfianza, con ese "¿Estás segura?" en el caso de las empleadas del hogar, se suma el miedo al despido, y si están sin papeles, temen que si denuncian terminen con una orden de expulsión.
Zenbat eta zaurgarriagoak sentitu, eta zenbat eta lagun tza-sare eskasagoa izan, orduan eta handiagoa da emakume horien isiltasuna; batez ere badakitelako lan hori galduz gero nekez aurkituko dutela beste bat. Gainera, deportatuak izango ote diren beldur dira —benetako eta ohiko meha txua, zerbait sala tzera edo errebindika tzera ausartzen direnean— edo lapur tzat salatuko ote dituzten beldur, salaketa hori ere ohikoa baita. Horren guztiaren ondorioa da isilik geratzea, edo isilik alde egitea, baita irabazitako soldatak kobratu gabe ere. Eusko Jaurlaritzako Genero Indarkerien Biktimei Laguntzeko Zuzendaritzaren txostena

En todo caso, la cuestión no es verlas como víctimas, porque de hecho el estereotipo de que son mujeres sumisas, pobrecitas, es otro de los que arrastran. La cuestión es que todas las mujeres tengamos voz, podamos nombrar esas agresiones, nos apoyemos entre nosotras y nos rebelemos. Y, como decía Maitena Monroy, que mujeres y hombres cuestionemos a los machistas (y, añadimos, a los racistas).

Un espacio posible para compartir vivencias de este tipo son las asociaciones de mujeres inmigrantes (o de encuentro entre mujeres de diversas procedencias) que aúnan feminismo y antirracismo. Os recomendamos algunas:
Emakume etorkinen elkarteak eta elkarte feminista-antiarrazistak:

Mujeres del Mundo-Munduko Emakumeak (Bilbo)

Malen Etxea (egoitzak Zumaia eta Zarautz-en)

Garaipen

Mujeres en la Diversidad (Basauri)

AMMIG (Getxo)

SOS Racismo- Batzorde Feminista (Bizkaia)