IRANTZU VARELA- FAKTORIA LILA


Enamórate, tenlo claro desde el principio, elige bien y que dure hasta la muerte. Que sea del sexo opuesto y, con el resto, se acabó el sexo. Y convive y reprodúcete y comparte techo. Y si sale mal, empieza otra vez desde cero.


 ¡Venga ya! ¿En serio? ¿Alguna vez hemos creído que eso era cierto? ¿Que querer es así, como coger el metro?


 No puede ser que no influya el momento vital, los gustos, los deseos, el paso del tiempo. No puede ser que queramos lo mismo que quienes hacen las leyes, escriben best sellers, nos venden refrescos. No puede ser que nuestras entrañas nos pidan una fórmula que tiene pocos finales buenos.


 Los que pueden, nos dictan las normas y –sin darnos cuenta- nos las creemos. Creemos que queremos querer para siempre, aunque el amor se haya muerto; que queremos querer a una sola persona, y sólo con ella tener sexo. Creemos que tenemos que buscar sólo enfrente, y nunca entre las personas de nuestro sexo. Y lo creemos porque nos lo dicen las pelis, las canciones, los libros, los cuentos. Nos lo dice la familia, los amigos, los bancos, la tele. Nos lo dicen en clase, en el curro, en los bares, en misa, en la calle… Y al final, creemos que esa forma de querer, nos la pide el cuerpo. Porque el mundo funciona si estamos juntas… pero no revueltos. No está preparado para que cada cual quiera como le marcan las ganas, las ideas y el deseo. Eso sería un lío, y no habría quien nos controlara, y acabaríamos desobedeciendo.


 Querer es desear, y nadie debería poder modelarnos el deseo. Querer es cuidar, y el cuidado no controla, no limita, no agobia, no aburre, no da miedo. Querer es entrar en la vida de alguien y, si te deja, iluminarle un hueco. Querer es que alguien entre en tu vida y le dé un meneo, pero no un vuelco. Querer es follar, igual hoy o igual siempre, o igual sólo con el cuerpo. Cuando quieres como nos mandan, es fácil que se vaya el amor, y le sustituya el veneno. Que llegue el control, la pérdida de libertad, los celos. Y luego el malestar, la ansiedad, la violencia, el miedo. Y eso no es querer, eso es someterse a un modelo ajeno.


 Querer es diferente cada vez, con cada cual, con cada encuentro... La forma de querer la marca dónde estás, en el lugar y en el tiempo; con quién estás, y lo que te produce por dentro; en qué proceso estas, lo que piensas, lo que te pide el cuerpo. No se puede querer a la misma persona, de la misma forma, todo el tiempo.


 Por eso, para querer, lo mejor es construir un "querer" en cada momento. Y no dejar que el poder acalle lo que quiere tu cuerpo. Y olvidarse de exclusividades impuestas, opciones limitadas, obligaciones, prohibiciones y compromisos ajenos.


 Y así, querer se convierte en hacer del mundo un sitio casi perfecto, aunque sea un momento. Y no en perseguir un cuento que, al final, se lo lleva el viento. O el empeño de creer que solo algunas formas de querer son un acierto.


 Sólo hay una razón para querer: estar bien. Que queriendo estés mejor que sin ello. Si no hay bienestar, no hay razón para seguir queriendo. Porque sufrir o hacer sufrir por amor es un invento de quienes nos quieren atadas, a alguien o a su cuento.




Trabajo presentado a Beldur Barik 2013